¿Víctima o libre?

En este Día Internacional del Derecho a la Verdad, en el marco de los derechos humanos, se destaca la importancia de reconocer y dar respuesta a los sentimientos y reclamos que surgen ante los casos de lesa humanidad. Si dedicamos este día a reflexionar sobre el abuso narcisista, que muchas veces experimentamos, ya sea en nuestra vida cotidiana o a través de las experiencias de otros, como las víctimas de jefes, parejas, amigos, padres o, a nivel macro, dictadores, no solo estamos contribuyendo a una denuncia, sino también a reconocer si esta situación está presente en nuestra vida diaria. Esto nos permite buscar maneras de superarlo, protegernos y desarrollar estrategias para salir lo más fortalecidos posible.
Etimológicamente, la memoria es la capacidad de almacenar, evocar y reproducir experiencias o conocimientos pasados, lo que la convierte en el pilar fundamental de la experiencia humana. Sin memoria, estaríamos condenados a repetir los mismos errores, pues solo a través de ella podemos recordar eventos, aprender de nuestras lecciones y reconocer las injusticias del pasado. Sin memoria, la historia corre el riesgo de repetirse. Ya sea a nivel personal o colectivo, si no aprendemos de lo vivido, corremos el peligro de caer nuevamente en los mismos errores, como si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable, al igual que el mito de Sísifo descrito por Albert Camus, donde el peso del eterno retorno nos mantiene atrapados, cargando una roca que nunca deja de pesar.
La memoria nos permite reflexionar sobre nuestras acciones, tanto los aciertos como los fracasos. Sin una memoria crítica y consciente, corremos el riesgo de «sepultar» esas valiosas lecciones, permitiendo que las distorsiones de la historia o relatos erróneos prevalezcan. Esta falta de claridad es peligrosa, ya que las distorsiones impiden un verdadero progreso y dificultan el avance hacia un futuro mejor. Es así como, en este contexto, es esencial recordar hechos históricos como la dictadura militar en Chile para reconocer la herida que dejó en aquellas personas cuyas familias desaparecieron sin obtener respuestas. Es fundamental tener presente que, antes de esto, ocurrió la matanza de Santa María de Iquique en 1907, donde militares masacraron a obreros durante el gobierno de Pedro Montt, una situación que se repitió en 1973. Si no traemos a la memoria estos hechos, que muchas veces deseamos sepultar por considerarlos traumáticos, corremos el riesgo de que el trauma se repita en futuras generaciones.
Llevando esto a la vida cotidiana, ¿qué hace que estos líderes vuelvan a ganar impulso en el terreno público e incluso sean apoyados por personas con falta de capacidad crítica? Como dice el general chino Sun Tzu en «El Arte de la Guerra»: «divide y vencerás». A través de la desinformación y el uso de sesgos cognitivos a su favor, los dictadores pueden crear un terreno fértil para cometer atrocidades sin que, en su momento, enfrenten consecuencias.
Si olvidamos o distorsionamos el pasado, abrimos la puerta para que los ciclos de abuso y violencia se repitan. Es cierto que, en condiciones normales, la memoria no olvida, pero cuando se trata de hechos muy traumáticos, ciertos recuerdos pueden quedar en un «limbo», reapareciendo en nuestra conciencia solo cuando estamos preparados para enfrentarlos. Por eso, la solución para mejorar nuestra salud mental después de un abuso narcisista no es ignorarlo, sino más bien descubrir nuestras fortalezas y trabajar en aquellas debilidades que nos convierten en víctimas fáciles de personas con la «triada oscura» de la personalidad, es decir, el narcisismo, maquiavelismo y psicopatía.
Es fundamental reconocer nuestros límites y aprender a defenderlos cuando se ven vulnerados. Las personas con estas características suelen intentar hacerte dudar de tu propia percepción de la realidad, lo que se conoce como gaslighting, con el fin de desestabilizarte y sacar provecho de la situación. Este comportamiento a menudo comienza con un patrón conocido como love bombing (bombardeo de amor), que es una táctica para conquistarte mediante una atención excesiva y una idealización inicial. Sin embargo, como sabemos, este comportamiento solo ocurre al principio. Cuando sienten que tienes la capacidad de reconocer sus manipulaciones y escapar de su red, intentan controlarte nuevamente.
Para superar el abuso narcisista, la autora francesa Marie-France Hirigoyen destaca que el primer paso es reconocer lo que realmente vivimos, ya que solo al validar nuestra experiencia podemos recuperar el control sobre nosotros mismos. La víctima de abuso narcisista atraviesa un proceso de gaslighting, donde su realidad es distorsionada, lo que genera una constante sensación de confusión. El 24 de marzo puede servir como un símbolo para recuperar esa verdad interna, validar el daño sufrido y dar inicio al proceso de sanación emocional.
Aunque en muchos casos el abuso narcisista no recibe justicia legal, existe una justicia emocional que surge al reconocer la manipulación sufrida y comenzar el proceso de sanación. Este proceso implica construir una identidad más fuerte y resiliente. Al igual que las víctimas de crímenes de lesa humanidad, las personas que sufren abuso narcisista también necesitan un proceso de sanación. A través de este proceso, al recuperar sus virtudes y fortalezas, logran transformarse de víctimas a protagonistas de su propia historia.
El autoconocimiento y la redefinición de nuestra identidad son fundamentales para superar el abuso narcisista. Al igual que en cualquier proceso de desarrollo personal, este día nos invita a reflexionar sobre quiénes somos después de haber sufrido abuso, reivindicando nuestra voz y nuestro valor personal. Es crucial reconocer que no somos lo que el abusador definió de nosotros. Para empezar a reconstruirnos, es esencial mirarnos al espejo con autocompasión, es decir, con el amor hacia nosotros mismos dentro de un contexto de aceptación del dolor y validación de lo vivido. Preguntarnos: ‘¿Qué cosas me gustaban de mí antes de que el abusador estuviera en mi vida?’ Y, sobre todo, ‘Si dejara de escuchar las voces críticas de los demás, ¿quién me gustaría ser para recobrar el amor propio?’ Esta pregunta nos invita a mirar hacia adentro, descubrir nuestra verdadera esencia y dar el primer paso hacia la sanación y el empoderamiento.
Actuar en base a la verdad significa poner límites, tomar decisiones conscientes y rodearnos de relaciones sanas. Al comprender la naturaleza de los abusos narcisistas y los patrones de manipulación que se repiten, podemos comenzar a reconocer las dinámicas tóxicas y liberarnos de ellas.
Reconocer la verdad, es un acto de resistencia, y es solo a través de esta que podemos sanar, protegernos y avanzar hacia un futuro más justo y empático.
De Carolil