Como un perro: metáfora de los sentimientos

La imagen de un perro vestido, en una postura atenta y con una mirada penetrante, situado en un escenario de colores vivos y vibrantes, nos invita a apreciarlo como un igual. Es una perspectiva humanizada de la vida, que se transforma en un espejo de nuestras propias emociones. La pintura se convierte así en una metáfora del mundo interior, de cómo lo emocional tiñe lo que vemos.


En las pinturas expresionistas, la realidad adquiere matices de una emocionalidad intensa, transformándose en una proyección de nuestra mirada psíquica. Así, los elementos cotidianos se tornan distintos, teñidos por nuestra forma subjetiva de vivirlos.


Si lo pensamos bien, nuestra interpretación de la vida se asemeja más a un cuadro expresionista que a una fotografía: cuando sentimos una emoción fuerte, todo el suceso queda impregnado por ella. Y si actuamos impulsivamente, podemos llegar incluso a desatar guerras de Troya.


Por eso, antes de actuar o tomar decisiones importantes, es necesario respirar.Esperar a que la emoción se calme nos permite decidir desde un lugar más claro, mediante un diálogo asertivo y empático con nosotros mismos y con los demás. Así, nuestra acción ya no responde al impulso, sino a una conciencia que integra lo sentido, lo pensado y lo verdaderamente necesario.


De Carolil

Pd: Pintura de mascota personalizada.

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